22 10 2026
Más allá de la energía: la transición energética como oportunidad país
La transición energética chilena ha puesto en evidencia nuestra capacidad para perseguir objetivos comunes a largo plazo, desarrollar capacidades para alcanzarlos y adaptarnos a nuevos desafíos. Reconocer y proyectar estos atributos representa una oportunidad para fortalecer nuestra imagen país y abrir posibilidades de desarrollo.
Por Macarena Chacc, gerente de Asuntos Corporativos & ESG de oEnergy
La transición energética chilena ha puesto en evidencia nuestra capacidad para perseguir objetivos comunes a largo plazo, desarrollar capacidades para alcanzarlos y adaptarnos a nuevos desafíos. Reconocer y proyectar estos atributos representa una oportunidad para fortalecer nuestra imagen país y abrir posibilidades de desarrollo.
Hay ciertos lugares comunes a los que recurrimos cuando hablamos de la transición energética de Chile: nuestras ventajas naturales para la generación renovable, la velocidad con que hemos incorporado tecnologías y la profunda transformación de nuestra matriz eléctrica hacia una más sostenible, en un período extraordinariamente breve.
Sin embargo, en un contexto en el que la discusión sobre el mercado eléctrico suele concentrarse en los desafíos pendientes, pocas veces nos detenemos a dimensionar lo que hemos logrado y, especialmente, su valor en dimensiones menos evidentes.
Hay una pregunta que me parece particularmente interesante: ¿qué dice este proceso sobre Chile, sobre nuestras capacidades y sobre nosotros como país?
Creo que responderla nos permitiría reconocer fortalezas que pueden consolidar nuestro posicionamiento como destino de inversión, fortalecer nuestra reputación internacional y abrir oportunidades de desarrollo. No se trata de adoptar una mirada complaciente y desconocer las dificultades del proceso ni los desafíos que enfrenta el sistema eléctrico, sino de reflexionar sobre una dimensión menos evidente de la transición energética para Chile: su potencial para contribuir a la construcción de una mejor imagen país.
Durante mi paso por Marca Chile aprendí algo valioso sobre cómo se proyecta al mundo un país: la reputación no se decreta. Podemos construir relatos y desplegar campañas, pero la reputación solo se sostiene sobre aquello que un país demuestra con hechos.
Y nuestra transición energética está llena de ellos.
La capacidad de construir y sostener objetivos comunes
En Chile parece haberse instalado la idea de que nuestras diferencias políticas nos impiden construir acuerdos en torno a metas país. Sin embargo, la transición energética ofrece un ejemplo interesante de lo contrario: nuestra capacidad de definir una visión de largo plazo y sostenerla más allá de los gobiernos y sus distintas estrategias.
Desde 2015, la Política Energética Nacional ha establecido una visión al 2050, fruto de un proceso participativo del sector público, privado, académico y de la sociedad civil. Esta visión ha situado la transformación energética como parte fundamental de los compromisos climáticos del país, impulsando medidas como la incorporación de energías renovables.
Su valor radica en haber definido una orientación común para el desarrollo energético del país, sin concebirla como una hoja de ruta rígida o inmutable. Por el contrario, desde su origen contempló un mecanismo de revisión cada cinco años para adaptar estrategias y prioridades sin perder los objetivos de largo plazo. Así, la política formulada en 2015, durante el segundo gobierno de Michelle Bachelet, fue actualizada en 2022, bajo la segunda administración de Sebastián Piñera, incorporando avances tecnológicos, transformaciones de la industria y objetivos climáticos más ambiciosos.
Nuestra capacidad de construir acuerdos en torno a objetivos de largo plazo y sostenerlos más allá de los cambios de gobierno constituye un atributo valioso del país, con efectos concretos en su atractivo como destino de inversión. La continuidad de las políticas públicas contribuye a generar confianza y previsibilidad, factores relevantes para quienes evalúan dónde invertir.
Un ejemplo es Climatescope, el ranking elaborado por BloombergNEF, que evalúa el atractivo de los mercados para invertir en energías limpias considerando, entre otros factores, las políticas públicas existentes. Desde 2018, Chile se ha mantenido entre los diez mercados emergentes mejor evaluados. Aunque este posicionamiento responde a múltiples factores, ilustra cómo condiciones institucionales que pueden parecer intangibles adquieren relevancia concreta en la evaluación internacional de nuestro país como destino de inversión.
Tenemos el talento y las capacidades para transformar una visión en realidad
Definir una visión compartida y sostenerla en el tiempo es solo una parte del desafío. La otra consiste en desarrollar las capacidades necesarias para llevarla a la práctica. La Política Energética Nacional de 2015 fijó como meta alcanzar un 70% de generación eléctrica renovable para el año 2050. Una década después, en 2025, las energías renovables ya representaban el 66% de la generación nacional, acercándonos a ese objetivo con casi 25 años de anticipación.
Aprovechar las extraordinarias condiciones naturales de Chile para la generación renovable ha requerido atraer inversiones, incorporar tecnologías, formar profesionales y desarrollar empresas capaces de diseñar, construir y operar proyectos complejos. Y aquí aparece una dimensión especialmente interesante para nuestra imagen país.
Por años, Chile se ha proyectado internacionalmente a partir de su territorio y sus recursos naturales. Iniciativas como Chile Creando Futuro y Made by Chileans han buscado ampliar esa mirada hacia el talento, la creatividad y las capacidades de personas y empresas chilenas. Nuestra transición energética ofrece ejemplos de ese Chile que queremos mostrar al mundo.
Hoy, desde mi rol en oEnergy, esta reflexión adquiere para mí un significado particular. Formar parte de una empresa de origen chileno que ha crecido junto con la transición energética me ha permitido observar de cerca cómo se construyen estas capacidades.
Cuando inició sus actividades en 2013, oEnergy se dedicaba exclusivamente al desarrollo de proyectos fotovoltaicos. Hoy cuenta con más de 279 MWp construidos, participa en la operación de 95 plantas fotovoltaicas y ha diversificado su actividad hacia el desarrollo de proyectos híbridos que combinan generación solar y almacenamiento, así como sistemas de baterías independientes. Solo en esta última tecnología, su cartera de desarrollo contemplaba aproximadamente 2.500 MW en 2025. Esta evolución refleja cómo una empresa chilena ha sido capaz de incorporar nuevas tecnologías, especializar sus equipos y ampliar sus capacidades para responder a las necesidades cambiantes de la industria.
Esta experiencia trasciende a una empresa. Se ha desarrollado un ecosistema de profesionales, proveedores y compañías que combinan conocimiento local con tecnologías, financiamiento y estándares internacionales. Un tejido empresarial que constituye un activo para enfrentar desafíos y explorar oportunidades. Seguir formando talento es parte del desafío. El Estudio de Fuerza Laboral del Sector Energía, publicado en 2025, proyecta que durante la próxima década se requerirán entre 12.000 y 27.000 trabajadores adicionales.
Chile ha sido capaz de transformar sus ventajas naturales en conocimiento, especialización y una industria con experiencia propia, demostrando que contamos con el talento y las capacidades locales para contribuir a enfrentar desafíos globales.
Nuestra capacidad de anticipar desafíos y adaptarnos a nuevas realidades
La transición energética chilena hoy vive su segundo tiempo y enfrenta nuevos desafíos. La alta penetración renovable ha planteado retos: cómo aprovechar mejor la energía que producimos, cómo gestionar la variabilidad de estas fuentes y cómo dotar al sistema de mayor flexibilidad y seguridad.
El almacenamiento energético ilustra esta capacidad de adaptación. En julio de 2024, Chile contaba con apenas 738 MW de almacenamiento instalado o en proceso de puesta en servicio. Menos de dos años después, superaba los 4.300 MW en operación y en pruebas, según antecedentes de la Comisión Nacional de Energía y del Coordinador Eléctrico Nacional. El país multiplicó casi por seis su capacidad para almacenar energía, respondiendo a uno de los principales desafíos de la siguiente etapa de su transición.
Persisten desafíos importantes de integración de renovables, particularmente en transmisión y operación del sistema. Pero este avance demuestra nuestra capacidad para reconocer nuevas necesidades, incorporar soluciones tecnológicas y movilizar inversiones en un período extraordinariamente corto.
Y quizás esa sea otra fortaleza que vale la pena destacar: aprender de una transformación en marcha y adaptarnos a desafíos que no estaban previstos. Sostener una visión de largo plazo también exige ajustar el rumbo cuando cambian las circunstancias.
¿Qué dice nuestra transición energética sobre Chile? Que podemos construir acuerdos y sostener objetivos comunes más allá de nuestras diferencias políticas; que contamos con talento y capacidades para llevarlos a la práctica; y que somos capaces de aprender y adaptarnos a nuevos desafíos.
Esta experiencia nos entrega ejemplos concretos de atributos cuyo valor va más allá de los resultados alcanzados en materia energética. Reconocerlos y ponerlos en valor en la forma en que proyectamos a Chile hacia el mundo representa una oportunidad para fortalecer nuestra reputación internacional, consolidar nuestro posicionamiento como destino de inversión y abrir nuevas posibilidades de desarrollo.
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